Según las palabras de Georges Didi-Huberman en “La
exposición como maquinaria de guerra”, organizar una exposición implica siempre
crear un lugar dialectico, método que hace surgir la verdad a partir de un
dialogo contradictorio, Es así que por un lado tenemos la institución encargada
de organizar exposiciones, que es un aparato del estado, y por el otro tenemos
la exposición que es una maquinaria de guerra. La primera está del lado del
poder, la segunda del lado de la potencia. Mientras que el aparato de estado
exige un resultado, la máquina de guerra nunca tiene la última palabra, es un
proceso inagotable.
Es, dentro de esta dialéctica que podemos entender la obra
de Augusto de Campos, quien abre un campo de expresión a través de su poesía
concreta que une a las palabras con el espacio de exposición. En las fotografías
se puede observar como esta frase “interminable” adquiere esta dimensión
gracias a su disposición en el espacio, la altura donde está ubicada, el tamaño
de la tipografía, obligan al espectador a desplazarse para poder leerla, el
artista utiliza el texto como una imagen, así, se genera una doble sintaxis, de
las palabras entre si y lo que palabras significan en su composición gráfica y
en relación con el espacio donde se encuentran, pero, esto no es suficiente, la
sintaxis no es convencional, es una oración sin palabras, es la unión de tres
idiomas diferentes, el artista está tratando de decir algo más, que requiere la
acción del espectador, como señala Huberman “una obra no debe tratar de tomar
el poder sobre el espectador, sino proporcionar recursos que incrementan la
potencia del pensamiento”.
Otros de los aspectos por lo cual la obra de Campos resulta
interesante de analizar es porque el artista logra lo que señala Benjamin “para
que un autor sea verdaderamente autor de su trabajo debe poder modificar en su
provecho las condiciones de la producción” y eso es lo que ha hecho el artista
a lo largo de su carrera, fue adaptando su trabajo a las posibilidades
tecnológicas y compositivas. Las obras están determinadas por estas características
y el artista crea a partir de los recursos que posee. Sus obras se vuelven un reflejo
del tiempo en el que fueron creadas.
En contraposición a estas imágenes de la obra de Campos
tomadas dentro del a fundación Proa, encontramos la segunda fotografía, tomada
desde una ventana del lugar, donde podemos observar lo que la rodea, aquello
que está del otro lado, por fuera, la ciudad, el barrio de la boca más precisamente,
el contrates es llamativo, adentro predomina el blanco, la simpleza, las líneas
rectas, por fuera, el abandono, el desgaste, un perfil fabril de chapas y
oxido. Resulta interesante como se decidió dejar esa vista abierta y no
bloquearla, no se niega el entorno sino que trata de introducirlo a la
arquitectura de la fundación.





