lunes, 30 de abril de 2012

Tercer Recorrido (25/4/12)


Según las palabras de Georges Didi-Huberman en “La exposición como maquinaria de guerra”, organizar una exposición implica siempre crear un lugar dialectico, método que hace surgir la verdad a partir de un dialogo contradictorio, Es así que por un lado tenemos la institución encargada de organizar exposiciones, que es un aparato del estado, y por el otro tenemos la exposición que es una maquinaria de guerra. La primera está del lado del poder, la segunda del lado de la potencia. Mientras que el aparato de estado exige un resultado, la máquina de guerra nunca tiene la última palabra, es un proceso inagotable.

Es, dentro de esta dialéctica que podemos entender la obra de Augusto de Campos, quien abre un campo de expresión a través de su poesía concreta que une a las palabras con el espacio de exposición. En las fotografías se puede observar como esta frase “interminable” adquiere esta dimensión gracias a su disposición en el espacio, la altura donde está ubicada, el tamaño de la tipografía, obligan al espectador a desplazarse para poder leerla, el artista utiliza el texto como una imagen, así, se genera una doble sintaxis, de las palabras entre si y lo que palabras significan en su composición gráfica y en relación con el espacio donde se encuentran, pero, esto no es suficiente, la sintaxis no es convencional, es una oración sin palabras, es la unión de tres idiomas diferentes, el artista está tratando de decir algo más, que requiere la acción del espectador, como señala Huberman “una obra no debe tratar de tomar el poder sobre el espectador, sino proporcionar recursos que incrementan la potencia del pensamiento”.

Otros de los aspectos por lo cual la obra de Campos resulta interesante de analizar es porque el artista logra lo que señala Benjamin “para que un autor sea verdaderamente autor de su trabajo debe poder modificar en su provecho las condiciones de la producción” y eso es lo que ha hecho el artista a lo largo de su carrera, fue adaptando su trabajo a las posibilidades tecnológicas y compositivas. Las obras están determinadas por estas características y el artista crea a partir de los recursos que posee. Sus obras se vuelven un reflejo del tiempo en el que fueron creadas.

En contraposición a estas imágenes de la obra de Campos tomadas dentro del a fundación Proa, encontramos la segunda fotografía, tomada desde una ventana del lugar, donde podemos observar lo que la rodea, aquello que está del otro lado, por fuera, la ciudad, el barrio de la boca más precisamente, el contrates es llamativo, adentro predomina el blanco, la simpleza, las líneas rectas, por fuera, el abandono, el desgaste, un perfil fabril de chapas y oxido. Resulta interesante como se decidió dejar esa vista abierta y no bloquearla, no se niega el entorno sino que trata de introducirlo a la arquitectura de la fundación.

1 comentario:

  1. V+.
    Creo que todavía falta un trabajo de integración emtre las ideas del texto de Didi-Huberman y tu propio trabajo. Ya que incorporás fotos tanto de la muestra como del entorno, creo que podría ser interesante analizar ese diálogo tenso entre institución privada y barrio periférico.
    Por otro lado, la primera foto me parece más sugestiva aún que la misma obra de Augusto de Campos, dado que incoporás una tercera variable de lectura que es el punto de vista desde el cual sacás la foto. Algo parecido sucede en la segunda foto, a partir del trabajo con los reflejos.
    Quizás analizar más en detalle la propia producción abra un panorama de análisis que muchas veces queda relegado a un segundo término o incluso ignorado.
    Sebastián.

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