Como señala
Vilem Flusser, el significado de las imágenes se encuentra en su superficie. Se
aprehende con una sola mirada. Si nos proponemos profundizar en el significado,
reconstruir las dimensiones abstraídas tendremos que pasear la mirada, dejar
que la explore, “escanear”. Así, la mirada sigue un rumbo complejo marcado una
parte por la estructura de la imagen y la otra por las intenciones del contemplador,
así, se muestran dos intenciones. Mientras la mirada registra un elemento tras
otro establece relaciones temporales entre los elementos.
Teniendo en cuenta estos aspectos, aquí se presentan una serie de imágenes que requieren un escaneo por parte del receptor: la primera fotografía de origen digital es una toma del interior del MALBA (Museo de Arte Latinoamericano de Bs. As.) El centro de la imagen está marcado por la fuerte luz que nos encandila y nos impide ver el final del edificio, esto nos hace preguntar sobre como es la arquitectura, las líneas diagonales se combinan con la perspectiva, lo que produce una ilusión óptica: ¿Dónde termina la construcción? ¿Está tan lejos como parece? Al predominar el blanco y no haber mucho mobiliario, es difícil establecer relaciones de proporciones y distancias.
Como diría Flusser, escaneamos la imagen y generamos en nuestra cabeza las relaciones que nos permiten reconstruir las tres dimensiones que en la imagen bidimensional son inexistentes. Es nuestra imaginación a que permite hacerlo, ayudado por los estímulos de la imagen. Algo similar ocurre con la segunda fotografía, debemos observarla con atención, mirar los detalles para comprenderla, los reflejos en los paneles vidriados engañan a nuestros ojos, nos preguntamos ¿Estoy viendo desde adentro? ¿Dónde se encuentra la pared que delimita el exterior? ¿Estas líneas son reales o meros reflejos de cosas que suceden del otro lado de la cámara? Aquí se vuelve de gran importancia lo que no está en la imagen, aquello que nosotros imaginamos, que excede los bordes de la fotografía.
Así como podemos escanear estas imágenes e interpretarlas, debemos tener en cuenta que además dan cuenta de un lugar, el MALBA y gracias a la iconicidad que poseen podemos interpretar este espacio, nos cuestionamos sobre su arquitectura, nos preguntamos por qué el arquitecto desarrollo el proyecto de esta manera. ¿Por qué se decidió dejar el techo vidriado? ¿Por qué la pared de la derecha, en sus tres pisos deja entrar la luz? Si la luz natural invade el espacio, ¿por qué las exposiciones están del otro lado, absolutamente alumbradas por luz artificial? Esta contradicción me llama la atención, parece que el edificio no respetara el precepto de “la forma sigue a la función”
El espacio se divide en dos, cuando estamos en las exposiciones olvidamos por completo el exterior, no hay ventanas ni aberturas que dejen ver el afuera, pero cuando estamos en la parte del hall y las escaleras sucede todo lo contrario, podemos observar todo aquello que rodea el edificio en un dialogo permanente.
Es así que me parece importante destacar las palabras de Dubois: la fotografía afirma ante nuestros ojos la existencia de aquello que representa, pero no nos dice nada sobre el sentido de esta representación. El referente es presentado como una realidad empírica, pero su significación permanece enigmática para nosotros a menos que formemos parte activa de la situación de enunciación.



V+.
ResponderEliminarMuy interesante todo el análisis de la fotografía desde Flusser y Dubois. Sin embargo, habría que pensar la relación entre el espacio arquitectónico del MALBA, el problema de la institucionalidad del espacio museístico, y la relación con una muestra que podría ser pensasa (o no) como máquina de guerra. Creo que ese análisis complemetaría el desarrollo conceptual de las fotografías que tomaste (muy interesantes, por otra parte).
Sebastián.